SIEMPRE SERÁ LO MISMO

Marcelo San Martín

8/12/2026

¿Y si le pintáramos un mural a una gran marca? No es una pregunta retórica. Es una plata real que podría entrar a este taller.

Nos pasa seguido. Llega la posibilidad de intervenir un muro grande, con presupuesto de verdad, para una empresa que mueve más en un día de lo que el sector cultural completo del Litoral mueve en un año. Y la pincelada quedaría linda. Y pagaría cuentas. Y nadie nos podría decir que hicimos algo malo.

El punto es ese. Ese exactamente.

Hace unos días publicamos que el arte no surge del vacío. Que surge de las condiciones en que una sociedad decide vivir. Lo dijimos convencidos, porque lo creemos. Aunque hay una parte de esa frase que no cabía en el carrusel: muchas veces las condiciones que asfixian al arte son moldeadas -o buscan serlo- por quienes tienen la plata para financiarlo.

Se recorta lo público. Se seca el fondo concursable... Y en el mismo territorio donde desaparecen los espacios de encuentro, aparece una marca ofreciendo pagar por un muro. No es casualidad. La misma lógica que vacía, destruye o ahoga la plaza, es la que después la quiere decorarla.

Pareciera ser que la pregunta incómoda es si está bien o mal hacerlo, ¿cierto? Es más profundo que eso.

Cuando un muro de gran formato lo pinta un taller con raíz barrial, con nombre en el territorio, con la credibilidad que se construye pintando gratis en organizaciones territoriales y cerrando murales que sí importan, esa empresa no está comprando pintura. Lo que termina comprando es algo que con su propia plata no puede fabricar: que la gente del lugar sienta que ahí hubo arte, hubo comunidad, hubo algo vivo. Nuestra firma abre una puerta, que su presupuesto por si solo no abre.

Y ahí está el nudo. Porque quizás lo hacemos. Quizás la próxima vez decimos que sí, declaramos por qué, cobramos lo que vale y con esa plata financiamos tres cosas que sí queríamos hacer y nadie más iba a pagar. Eso también es una manera de resistir y no la vamos a mirar en menos.

Pero tampoco nos vamos a mentir diciendo que es neutral.

Nada va a cambiar mientras cada quien resuelva esto solo, en silencio, calculando su propia cuenta. El taller que dice que sí y el que dice que no, los dos por su lado, no cambian nada. Ningún colectivo sostiene por sí solo lo que necesita una comunidad completa. Si el contexto cambia, nuestra forma de organizarnos también tiene que cambiar. Eso también lo dijimos, y lo sostenemos.

Así que no vamos a cerrar este texto con una respuesta. Sería fácil y sería falso.

La pregunta te la dejamos a ti. A ti que lees, que consumes, que a veces trabajas para una de estas marcas, que quizás mañana nos contratas. Y a nosotros, que la próxima vez que suene el teléfono vamos a tener que decidir de nuevo.

Nada va a cambiar. Nunca. A menos que alguien, tú o nosotros, solo o con otros, haga algo distinto.

¿Y tú qué harías con ese muro?